La, cada vez mayor distancia, entre gobernantes y gobernados y sus golpes de estado contra la ciudadanía, a menudo queda evidenciada. La crisis, que todo lo puede, justifica un nuevo quebranto a la democracia.
Viví, porque mis compañeros me eligieron su representante, la negociación de un convenio colectivo. Agotadoras jornadas para intentar llegar a acuerdos, reuniones constantes para consensuar una plataforma única, continuos tiras y aflojas con los representantes de la empresa, estudio de múltiples y variadas propuestas de uno y otro lado buscando lo mejor solución para todos… Aquello acabó en un convenio que firmamos quienes negociamos por ambas partes. Fue todo un ejercicio de democracia y responsabilidad que ahora se cargan de un plumazo quienes gobiernan. Con los recortes a funcionarios y empleados públicos cercenan el derecho a la negociación, un derecho que ejercimos democráticamente y que ellos se pasan por el forro, imponiendo unos recortes en las condiciones laborales con la excusa de la sacrosanta crisis. Como si ese golpe bajo al Estado de derecho fuese la solución de todos los males. Siguen avanzando en el desencanto: ¿para qué sirvió el esfuerzo negociador y el acuerdo de un convenio colectivo? Pues eso: absolutamente para nada.