Cuando quien ha actuado con honestidad te plantea que su ética no ha servido para nada, y está convencida de que quienes proceden con bajeza moral consiguen sus fines; cuando efectivamente compruebas que la malicia vale para obtener lo que no se alcanza con nobleza… no encuentras argumentos para convencer a la perjudicada de que conviene seguir siendo honesta, aunque te desarme con una pregunta demoledora: ¿para qué me ha servido ser íntegra si el corrupto obtiene recompensa y se ríe en mi cara? No te he sabido dar argumentos, amiga, pero sigo creyendo que tú mereces la pena.