Me llegan, con más frecuencia de la que me gustaría, correos xenófobos que cuestionan la bondad de la permanencia de los inmigrantes en nuestro país, tal como está la situación económica. Estos textos suelen tener dos mentiras comunes que no por repetidas pueden hacernos creer que son verdad. Una de ellas es que tienen más derechos que los nativos y otra que se aprovechan de las prestaciones del Estado sin aportar nada a cambio.
Como digo son dos mentiras fáciles de desmontar sobre las que además nunca se aportan pruebas.
Los inmigrantes que trabajan cotizan a la Seguridad Social, y contribuyen como todo hijo de vecino a mantener las prestaciones que los gobiernos ofrecen a su ciudadanía. Por tanto tienen derecho a salud, cobro por desempleo, enseñanza… como cualquier contribuyente. ¿O es que queremos que aporten su trabajo sin recibir nada a cambio? No me vale la cantinela de que no están dados de alta, harta desgracia tienen si están en la economía sumergida como para encima restringirles derechos. Además, en esta frecuente ilegalidad de trabajar sin dar de alta, el abanico es amplio y no sólo en el colectivo de inmigrantes (empleadas de hogar, falsos autónomos, peones agrícolas…). Los extranjeros que no cotizan, que no están dados de alta, no sólo no se aprovechan de ninguna ayuda del Estado, sino que están en la más absoluta clandestinidad y marginación y sobre ellos pesa la espada de Damocles de la expulsión. Criminalizar al extranjero es racismo y xenofobia. No lo olvidemos cuando divulgamos mensajes a través de la red que no son inofensivos.
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