Cada rincón de nuestra geografía cuenta con su “tonto el pueblo”. En S. también hay uno que vive de lo que sus vecinos le dan por las gracias que hace. Una de ellas consiste en darle a elegir entre dos monedas: una de cincuenta céntimos de euro y otra de un euro. El idiota siempre opta por la de mayor tamaño y menor valor: la de cincuenta céntimos. El asombrado viajero preguntó al infeliz si no sabía que la moneda más grande valía menos que la pequeña, a lo que el tonto respondió:
- ¡Claro que lo se! No soy tan tonto. Pero el día que elija la pequeña acaba el juego y no voy a ganar más mi moneda.
No siempre es más tonto el que lo parece. Podemos estar satisfechos con nosotros mismos, aún cuando los otros no nos tengan en buena consideración. No hay mayor placer que parecer tonto ante el idiota que aparenta ser inteligente.
Y dijo el tonto: “dime tonto y dame pan”.
Le preguntaron a otro:
-!Ulpiano…! ¿Te gusta el pan con jamón?
-Y sin pan también. –Respondió.
Dinero: Mire, si esos cincuenta céntimos que me ha puesto en la mano son un intento de soborno, es que es más tonto de lo que parece.