Una de las derivas preocupantes de esta sociedad es la imposición de un solo valor por encima de todos los demás. Lo económico está anulando valores sociales, éticos o morales. Cualquier aspecto de la vida actual se quiere cuantificar en euros. Ahora sólo importa el coste, el beneficio, el déficit o la crisis económica y la madre que la parió.
Hace treinta y cinco años, cuando aún estudiaba bachillerato, me planteé la necesidad de pensar en el futuro. Mi amor a las letras y mi impulso juvenil de ser útil a la sociedad me inclinaron por el periodismo. No pensé en si era la profesión con más futuro, si ganaría más o menos dinero, o si estaría abocado al paro eterno. Simplemente opté por lo que entendí que más me satisfaría en mi trayectoria laboral. Nunca me he arrepentido. Ha sido una de las decisiones más afortunadas que he tomado. Gozo trabajando con la mejor herramienta cultural que ha inventado la humanidad: el lenguaje. Si además lo uso para transmitir información y conocimientos que ayuden a los demás, miel sobre hojuelas. Es un privilegio estar en un medio de comunicación público. El oficio de plumilla, además, me aporta el dinero necesario para poder vivir en paz.
Soy de la opinión de que no se puede ser feliz pensando sólo en el dinero, en su acumulación o en los bienes materiales que puedes conseguir con él. La vida es mucho más.